28/9/17

JARAIZ VI, en construcción


Entrando en el sol
no me quemo,
y en la muerte
no muero.
Toda la luz
es un hilo negro
en la oscuridad,
el rostro lo nota.
Cuando salgo
del sol
y de la muerte,
por una puerta azul
la veo.



(…)






Su luz va
de abajo a arriba.
En el espejo el sol
es un membrillo rojo.
Cada estrella
echa una flor.
No puedo hablar
con todos a la vez.
Mi Asthma es azul.
Dios es de cristal.
El regalo crece
en el Soleil negro.
Alguien te oye,
se da la vuelta
y se pinta
en la espalda
el paisaje que ve,
al animal que
se lo come.

Y se lo pinta un ángel.



(…)








Me vuelvo azul
en la noche.
Si la cortas,
si haces un gran
corte en ti,
tu también.
El frío de la sombra azul
sale de ti,
como cebo
a la alegría.

Espacio del que viene
el ángel
no llega.
Queríamos mirar
directamente la cesura
en Gorges du Verdon.
El lugar por el que podría
entrar el ángel
en el mundo.
En el barro la luz,
el viento, tu.
Sonnenuntergang.
Si no dijera más que eso,
todo el mundo entendería
a que me refiero. Al sol
“Es kumis después
de evaporada la leche”
Que más da, -que importa
saber lo que es kumis-
¿Nata?

Un pájaro enfermo,

El gas de la nada.

Tus alas son ya muy grandes.
No las puedes mover.



(Kumis)













Pero si pesaban
en el mundo,
posadas o caídas,
quietas en el suelo,
con su gravidez
o su leve peso,
al menos su aura negra,
un poco,
lo suficiente
para no pesar tanto
en ellos.



(…)








Se ha despertado
para los galgos
mi frío loco.
Tiro una rosa
al agua.
Como novias
ahorcadas
en la niebla.

Alguien empujado
por la ira.
Es una mujer de aire.

Apaga mi sol
de noche.

Álamo negro,
cangrejos de hospital
en el tubo.
El negro
de los cisnes
del fin del mundo.



(…)















Me parecía al agua.
Su hijo me mira.
No le veo.
El silencio es un mar.
Siempre me alejo.
Un pájaro vuelve.
Yo la muerte
soy la playa.



(El mar)

18/9/17

JARAIZ V (ALEACIONES)


El cardo bajo el cielo es como yo, y yo no soy como yo. Sólo puedo estrujar el sol de noche.  Latigazos en el suelo. El latinajo abre la tierra como nunca se abrió. Estoy en una silla [como] perdido en el mundo. Nadie está perdido en el mundo. Caracol vacío ¿sabes? del revés ¿Dónde es allí? Cura el limaco  hasta pegar líneas. Ha escrito muy despacio su yo. El poema blando  cruje al pisarlo. pero el poema limpio es paloma huesuda, negra por fuera, dada la vuelta como un guante, y el poema cada vez más limpio y sucio en el chorro. –Me pegué al muro, tenía miedo y me pegué al blanco. Había un charco de mi, una nube de mi, y un aro muy caliente en el aire. ¿Cómo era pasar la mano por la aro? Todo ausente en el aro redondo para hablar, y la sombra del aro ovalada, desierta como signo bladeado, o una ascensión de ovejas- Cambio la vérité por la verdad, el sol por el soleil. Que mal se refleja la ira en la ira, o los chopos que se queman en los enfermos. Todos los sombrajos hechos para salvar el día, enramadas de odio y trabar así la luz a la muerte. Enramar para no ser uno en otro. Mira el palo, es más largo en la luz.



(Stock und Prügel)










El sol cortado en dos en la leche de la noche. La barrera de cañas contra el aire. En un poema es imposible soñar, está avivado, raviver la pista falsa que da la vida. Ahora la fotografía debería deshacer esta imagen o conjunto de imágenes. Ciegos en el cenit nosotros a tientas entre árboles y muros blancos. El amor es amarillo. Orina azul en el polvo de la muerte en las zarzas de las ciudades. Era lo que me comprometía con ellos. Incendiado el amen, la palabra que resume el mundo, se cierra una puerta frente al mar. Un marco de puerta para el viento negro. Rodeas la puerta, todo está abierto. El ruido de la puerta me aparta del poema. ¿Verán la puerta? Lo perros entran en el solárium. Nadie duerme en un poema/ Dale un beso a la nada/ El tiempo da vueltas alrededor de la muerta/ Un ojo detrás de mi/ Nunca podré ver ese ojo/ Se cierra como una noche en otra/ Palomas posadas en el mar/ Entro con miedo en una luz negra/Estrujo la maldad, la bola de yeso negro llena de polvo/ Encaro esta cuesta que sube al sol/ Se ve todo en el pozo/ Celentéreos o aguasmalas/ Ácido de noches espesas en el fango de las campanas/ Ese árbol no vale para esto, lo chupo con su otoño/Debajo de la luz me quema la mano/ Justo en la línea de todos los ángulos dientes de león/ Se plisan las líneas de vida en la noche.



(Radiaciones)














Ese no saber
es otra luz.
Lo muerto vive.
Está oscuro.
Rosée de suero.
Y el serum del ángel
es otra luz azul
al entrar en el cuerpo
por un riel frío
y otro caliente.
Agraz se quema
el sol en la nieve.
Sale de ella
el hueso azul
de una rosa seca.

El poema vuelve
en el eco.
Está oscuro.



(Vado)


19/8/17

JARAIZ IV (Aleaciones)








El sol cortado en dos en la leche de la noche. La barrera de cañas contra el aire. En un poema es imposible soñar, está avivado, raviver la pista falsa que da la vida. Ahora la fotografía debería deshacer esta imagen o conjunto de imágenes. Ciegos en el cenit nosotros a tientas entre árboles y muros blancos. El amor es amarillo. Orina azul en el polvo de la muerte en las zarzas de las ciudades. Era lo que me comprometía con ellos. Incendiado el amen, la palabra que resume el mundo, se cierra una puerta frente al mar. Un marco de puerta para el viento negro. Rodeas la puerta, todo está abierto. El ruido de la puerta me aparta del poema. ¿Verán la puerta? Lo perros entran en el solárium. Nadie duerme en un poema/ Dale un beso a la nada/ El tiempo da vueltas alrededor de la muerta/ Un ojo detrás de mi/ Nunca podré ver ese ojo/ Se cierra como una noche en otra/ Palomas posadas en el mar/ Entro con miedo en una luz negra/Estrujo la maldad, la bola de yeso negro llena de polvo/ Encaro esta cuesta que sube al sol/ Se ve todo en el pozo/ Celentéreos o aguasmalas/ Ácido de noches espesas en el fango de las campanas/ Ese árbol no vale para esto, lo chupo con su otoño/Debajo de la luz me quema la mano/ Justo en la línea de todos los ángulos dientes de león/ Se plisan las líneas de vida en la noche.




(Radiaciones)




























26/7/17

JARAIZ III (Aleaciones)









Zeichnung von
Eugenia Ulmer Blaupot Ten Cate für
Walter Benjamín,
Undatiert.



El poema es una cortina.
La he corrido
para verme.

No hay luz
en el silbido azul del sol.

Se abre ahora en ti el lugar
que se va a abrir mañana.
Sombras blancas
que juegan con el erizo de hielo.

En el sol de la muerta
el oscuro poema se llora
a sí mismo.

Me aventuré
con estas imágenes
que se rompen
en los ojos.
Un río seco
pasa por encima
y con una llave escarbo.

Se despostilla
cualquier lugar
que estuvo
entre estos dos nombres.

Me he hecho ligero
y me he abierto
como una sima
donde rezuma
la vida.



(Aberturas)





















Buenaventura, 28 de junio de 2016



Cualquier
palabra
pura molesta.

Vi a los animales
comiéndose
la muerte
lentamente
como una luz
a otra.

Coge aire
y olvida.
La gravilla
en la que resuenas
hacia atrás.

Unos pasos más
da el sueño
y la vida.

Procesión de cipreses
en el camino de Cervera.
Caracolea
para no cansarse.
Cortina de agua
de la tormenta,
Rayo que toca la tierra.

Todos los momentos
vividos
están en este.



(…)











Animal limpio
bañado en negro.
La otredad.
El amen dentro
de la fruta verde.

Yendo hacia
el porvenir
el poema.

Habría que estar
más cerca
de donde se surte
de piedad
y alegría
el mundo.


De las aguas rápidas.



(Gáudio)













Una corriente
de tres líneas
donde se ovala el sol.
Un muñeco de pan
que se comen los peces.
El peligro
es la alegría
(tan trabadas a sí
en la dicha
y a las tres líneas
de este río)
es la lección de arpa
para la muerte.

Una de las cuerdas
viene
de Sirio.

Las otras de ti.



(…)























El sol en el agua cura.
El abedul se azula.
La palabra
que resume el mundo
nunca se quema
en el giro negro
del bucle.

Un trozo de puente,
un trozo de poema
[Allí en el tajo
o abertura]
dan ganas de bajar
y bañarse.



(…)


24/7/17

ALEACIONES



















































[Fui el contemplador. Toda la conciencia que emana de la obra, transparencia negra, inmanencia trágica, pathos.] Nunca espectador, sólo viviente en ella. De sol a sol va el río en la oscuridad, podría cantar ahora “sin embargo, la tierra es yerro y hoja afilada, no reces por ella, no la pisotees” La luz entró en la hierba y la noche en los huesos.  El polen de la muerte. Estallidos de soles bajo el agua. El que viene de lejos se detiene a beber el sol. Aún es bello el arte corrompido. El palacio de madera, el sol, la isla.

(…)










[Yaw-shah´, el hijo de las aguas y ella hija del aire. Náufragos, yaw-shah´ significa salvado de las aguas. Cada palabra encierra a otras y estas a otras, y así hasta el no lugar de la palabra. Yaw-shah´ el que ha jugado en el agua, y ha hecho el muerto en el agua y se ha dormido en el agua. El nombre que el mar olvida, el cuerpo que el mar expulsa. No a todos nos escolta un ángel  hasta la puerta negra que nos espera al final del mundo. Ella es hija del aire]



“il y a là cendre [il y a la cendre]”
Jacques Derrida

Así me vi.
Dentro de
este poema
sin querer
salir de el.
Me he girado,
el círculo se ovalaba,
la noche buf¡
cuervos azules.
Perdón es hijo
de dos palabras,
per el don
que tiene de hacer daño
el impermeable
en el cuerpo desnudo.

(Salvado)









Una línea negra de fresnos hacia el sol. Tiempo de paja, insulso, vacío, y donde se curva la línea de álamos hacia otro sol  más pequeño. [Vivaquear en el ojo quemado] Ha entrado un hombre en el sueño de otro. Hay un río que va de sol a sol,  veo peces desovando en las manos de la escultora, huevas de galaxias. Unos ojos limpios en una esfera. “Como madera y cobre es el vuelo de Favorski y en las astillas del aire somos vecinos del tiempo, y una flota de tablones hacia serrados robles y arces de cobre nos lleva” -debo vivir en la alegría de los demás- Entre tantas palabras corrompidas el manantial de la verdad.

(Vivaquear)










Mete allí las raíces hacia el vacío. Ahora el hombre está en el centro, hace girar la leche de las estrellas con la mano.

(…)







El silencio es el muro, el chopo azul tras él, la ciudad blanca desaparece tras el sol. A los ojos les gusta el blanco. Aguas subterráneas en los ojos de los muertos manan cerca de estrellan negras.

(…)










Basura, la mayoría de las palabras de un hombre a lo largo del día terminan en basura. Me imagino esa basura en el aire –sólo cuando dice buenos días o hasta mañana, como si cualquier hombre pudiera sancionar la premura o fuera dueño del mundo y la luz- pero no es más recto el que nos saluda, el que no trafica con la luz de las palabras. Lo primero que piensa un hombre al despertarse suele llevar un prurito de radicalidad y culpabilidad ¿Y no mira extrañado el mundo desde una ventana sucia como si fuera la última vez que lo contempla o la última? De los alerces trementina, una resina pegajosa con la que podrían pegarse estas hojas en las que escribo. ¿Y mañana? Un camino que salga de este y se desvíe hacia otro lugar fuera del mundo. Por debajo de las palabras hay más palabras, capas de palabras [escritura] que esconden lo que quieren decir, y lo esconden para que sea buscado con ahínco y sean vistas muy por encima allí abajo[écrivain public]. Siempre se lee desde arriba, lo que está escondido allí abajo. La escritura llama a la verticalidad, el vértigo de la existencia está escrito allí abajo. Ánsares allí arriba alejándose del invierno, abanicos negros de ánsares guiándose por los pliegues de la tierra, siguiendo las corrientes de aire que les ayuden a gravitar menos. El Dichter habló con el Denker en un lugar seco. Se esconde en ti, en lo más oscuro de ti esa luz, esos posos de la vida que permanecen más ocultos o caídos.
 (…)











El día se desliza, nos arropa, nos engulle, nos sobrepasa, nos barre, nos abrasa [nos abre puertas, nos las cierra] nos acoge, nos envuelve, nos carga, nos acalla. Después se marcha lentamente por la cañada de luz en la que arden lentamente animales azules. Ese [nos] en el que me encierro como en una casa oscura, un [nos] que se libera de todas las cargas del día; [nos] enhebrado a la escritura, que jamás cuenta a los [otros] y los otros sin el [nos] engullidos, barridos, envueltos, deslizados, abrasados, arrojados a la cañada de luz por la que vuelve el día.


(…)







Te vi soñar en mi muerte/nadabas hacia atrás/arrastrabas la luz hacia mi/ te vi allí coger arena azul/me cubrías con tu sueño.


(…)









Hay tantas maneras de mantenerse en el aire, los que suben hasta arder, los que no despegan, los que dan saltitos en los jardines, de exilio en exilio en el aire. Me olvidaba de los gregarios, los estorninos, su ballet del crepúsculo; nada hay más bello que ese baile de ceniza y que ese entrar y salir del día ciegamente. Al irse en la mañana no bailan, van directos al alma del día como flechas negras, dejan la ciudad y desaparecen en las afueras y arrasan mi mano. Pero la imperfección del día es lo más perfecto del día [su fotografía arde todavía como una luz muerta] nos hace llevar a las palabras hasta el límite de la verdad, donde una gran oreja oye por todos y una gran boca habla por todos. Eras una caja de música rota, y ahora oyes esa música de lo que eras junto a las olas en una playa de Santander. Sólo puedes arreglar esa caja de música en tu memoria ya imposible.

(Telar aéreo)